MARÍA, LLENA DE GRACIA Y DE VERDAD, en todo y siempre agradó a Dios

Homilía, Inmaculada Concepción de la Virgen María 2014

 Queridos hermanos:

Demos gracias a Dios Padre, por Jesucristo, en el Espíritu Santo, por permitirnos un año más celebrar con alegría la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

Demos gracias

 San Pablo, al dirigirse a los corintios, daba gracias a Dios al reconocer en estos hermanos la gracia y los abundantes dones que Dios les había concedido en Cristo Jesús, y estaba, a la vez, convencido de que perseverarían firmes hasta el fin, porque Dios es fiel, y ha llamado a todos  a los hombres a vivir en comunión y amistad con su Hijo Jesucristo (cf.  1 Cor  1, 3-9). Algo semejante me sucede a mí: doy gracias a Dios, de todo corazón, al percibir, en ustedes, y en el pueblo formoseño, en general, el entrañable y arraigado amor a la Santísima Virgen María, Madre de Jesús y Madre de la Iglesia. Esto es un don, una gracia muy grande; y también, como el Apóstol, abrigo la esperanza de que, por la fidelidad de Dios hacia nosotros,  -y por este amor a María- ,más allá de nuestras numerosas deficiencias y debilidades, permaneceremos, siempre, firmes en la fe de la Iglesia.

En el marco del Adviento

 Esta fiesta de María, el dogma de su Inmaculada Concepción, la celebramos en el marco del tiempo litúrgico de Adviento. Tiempo de gracia y de esperanza, tiempo de conversión y purificación del corazón, tiempo de transformación de toda nuestra vida, en lo  personal y en relaciones con los demás, aguardando la Venida de Jesús.  ¡Vuelve, Señor, por amor a tus servidores, -grita el profeta Isaías- y  no permitas que nos desviemos de tus caminos endureciendo nuestros corazones! (cf Is 63, 17-18) Ojalá nos encuentre el Señor a su llegada, como rezamos estos días, orando en vigilante espera y cantando sus alabanzas.  Cumplamos la advertencia del Señor: ¡Estén prevenidos! (Mc  13, 37).

 En sintonía con toda la Iglesia

Podemos destacar hoy como tres grandes temas,  entre tantos desafíos eclesiales y pastorales, para nuestra acción evangelizadora y misionera:

La Familia, la Vida Consagrada y el Cuidado de la Creación. Digamos, brevemente, algo de cada uno de ellos.

  1. El matrimonio y la familia son clave fundamental, y no sólo para vivir según el designio y la voluntad de Dios, que así Él lo ha querido; sino, para vivir con paz y serenidad, para ser felices. El matrimonio cristiano y la familia contienen, nos preservan de tantos males y desmanes, y ahorran tantos sufrimientos inútiles que muchos, lamentablemente  padecen,  por dejarse llevar por experiencias inapropiadas y aventureras que no conducen sino al desaliento y a la tristeza amarga.

Por ser tan importante este tema,  ha sido y es objeto de interés preferente por parte de la Iglesia; de ahí, la Asamblea del Sínodo de los Obispos, convocada por el Papa Francisco. El pasado mes de octubre se llevó a cabo el Sínodo Extraordinario sobre las situaciones complejas de las familias; y el próximo año, retomando la escucha del contexto sociocultural y los retos de la familia de la Relación del Sínodo celebrado, se discernirá sobre las nuevas proposiciones y pautas acerca de la vocación y misión  de la Familia en la Iglesia y en el mundo. La familia es , por tanto, una prioridad, estemos atentos a ello. En el matrimonio y la familia se juegan, en gran parte y medida,  la felicidad y el verdadero bienestar de la vida.

  1. 2. La Vida consagrada. El Papa Francisco ha convocado un año especial para este estado de vida, que ennoblece y enriquece a la Iglesia y al mundo. Vale la pena consagrarse total y absolutamente al Señor, en cuerpo y alma, porque Él se lo merece. A ejemplo de Jesús, a ejemplo de María y de tantos santos y santas que han alegrado, animado y renovado la vida de la Iglesia y de la humanidad entera. Consagrarse a Dios conlleva, colocar a Dios en primer lugar, nada ni nadie debe  anteponerse a Él, ni ocupar este  primer lugar de preferencia;  de ahí los votos que libremente se eligen, conforme a los consejos evangélicos: pobreza, castidad y obediencia. ¡Cuántos dones y carismas, cuántas modalidades diferentes para vivir de esta manera! Pero en todas estas formas y maneras son necesarias la autenticidad y la fidelidad a Dios y a los hombres, viviendo y testimoniando la vida consagrada como “don agradecido “y con humildad gozosa.

Aprovecho para agradecer y animar a todos los consagrados y consagradas y decirles que su vocación vale la pena. Pues, además, de mostrarnos que el amor a Dios es el primero de los mandamientos, nos señalan, por su austeridad y desprendimiento de las cosas terrenas,  la transitoriedad de la vida presente,  motivándonos  a buscar y anhelar los bienes eternos. Por eso, rezamos por ustedes y  queremos acompañarles en su opción realizada para siempre, su testimonio y entrega generosa de su vida, a Dios y a los hermanos.

Quiera Dios seguir llamando y encontrando respuestas  favorables  en muchos de nuestros jóvenes y chicas a esta forma y estado de vida tan excelente. Recemos, una vez más, para que Dios conceda  a  la Iglesia que peregrina en Formosa, alguna comunidad de vida contemplativa, ya sea masculina, como femenina.

  1. El cuidado de la creación.

 Un tema, no sólo actual en nuestro mundo globalizado, sino muy concretamente en esta tierra formoseña. No nos dejemos llevar por el espejismo de algunos proyectos que, aparentemente pueden deslumbrar  por su insistencia  en el progreso científico-tecnológico y sus beneficios, cuando en realidad, a la larga, pueden atentar  contra el verdadero desarrollo integral. Proyectos, como  si fueran la panacea, para resolver los graves problemas de la pobreza y de la inicua desigualdad que aún reinan entre nosotros.

No nos engañemos tan fácilmente. Busquemos entre todos, sin riesgos  innecesarios, los caminos y programas más adecuados a nuestra realidad, que conduzcan al auténtico y verdadero desarrollo; al bienestar, no sólo de algunos, sino de todos, respetando el medio ambiente  y la hermosa creación que Dios nos regaló y encomendó para que seamos sus custodios y guardianes.  Dejemos a las generaciones venideras, erradicando de nosotros las ambiciones desmedidas, una tierra limpia, respetada y cuidada que la puedan todos disfrutar.

Aguardamos, con interés, la enseñanza del Papa Francisco sobre este tema.

 Lema pastoral 2015:

La gracia y la verdad nos llegan por Jesucristo;

en todo y siempre, agradémoslo a Él.

 En este día, propongo, como vengo haciéndolo desde hace años, el Lema Diocesano Pastoral para el próximo año 2015.

Podemos distinguir dos partes o momentos en la frase: En la primera, el ofrecimiento de Dios, como don;  en la segunda, nuestra respuesta.

La primera parte, inspirada en el prólogo del Evangelio de San Juan, desea proclamar con fuerza que la gracia de la salvación y la verdad que nos hace libres, nos vienen y llegan a nosotros por Jesucristo, por Él y sólo por Él. ¡Y cuánto lo necesitamos! Por eso, quisiera que, juntos, digamos: La gracia y la verdad nos llegan por Jesucristo; en todo y siempre, agradémoslo a Él. Ojalá quede grabado, desde hoy y a lo largo de todo el próximo año 2015, no sólo en la mente y en la memoria, sino en el corazón de todos.

La Gracia de Jesucristo brota y fluye del amor fontanal del Padre, del torrente de su infinita misericordia, cuyo fruto más precioso es la salvación y el perdón de los pecados, de los nuestros y del mundo entero. Este perdón  se ha logrado por la sangre de Jesús derramada en la Cruz que ofrecemos en cada Eucaristía que celebramos.

Y la Verdad, que es Jesucristo mismo, Camino y Vida de los hombres, como así mismo quiso autodenominarse, tiene como consecuencia la libertad de los hijos de Dios. La verdadera libertad de toda esclavitud de pecado y de muerte.

Precisamente, la Palabra de Dios, en el próximo tiempo de Navidad, nos dirá, con mucha fuerza, que la gracia y la salvación, el perdón de Dios se nos han manifestado en Jesucristo;  un misterio oculto que se nos ha dado a conocer, porque Dios quiere que todos los hombres se salven y  lleguen al conocimiento de la verdad; porque quiere constituir de nosotros, un pueblo santo, humilde y bien dispuesto, consagrado a su servicio. De este designio y voluntad divina se desprende, como consecuencia,  que debemos llevar, a partir de ahora, una vida sobria, sencilla, santa , que agrade a Dios y a los hermanos.

La Cruz bendecida por el Papa Francisco en la JMJ de Río de Janeiro el año pasado, que está recorriendo nuestro país,  que la semana pasada ha visitado las zonas pastorales y parroquias de nuestra Diócesis, y hoy  se  encuentra  entre nosotros; como así también, la promesa de castidad que un grupo de jóvenes formoseños  realizarán a continuación, son signos visibles, cargados de esperanza,  que nos invitan a renovarnos y  a empezar, con alegría, una vida nueva.

 Pero es María, la llena de gracia y de verdad, que en su vida agradó siempre y en todo a Dios, cuya fiesta de su Inmaculada Concepción estamos celebrando, se convierte para nosotros, en signo de esperanza y de consuelo. Su vida y sus virtudes nos estimulan a desear y hacer, como ella, la voluntad de Dios; su pureza y humildad, su belleza y prontitud, su docilidad y fidelidad a Dios, nos impulsan a imitarla y a pedir su intercesión de Madre.

Hermanos, pidamos que Jesús venga a nosotros, se quede y permanezca siempre con  nosotros. Que la Gracia y la Verdad que nos llegan por Él, de las cuales María está llena y  en ella resplandecen con fulgor, nos traigan la salvación, alegría y la paz; y que nosotros, correspondiendo a tanto amor, procuremos, con todas nuestras fuerzas, agradarlo en todo y siempre. AMÉN.

Formosa, Anfiteatro de la Juventud 8 de diciembre de 2014

Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

+José Vicente Conejero Gallego

Obispo de Formosa