PERIÓDICO DIOCESANO PEREGRINAMOS EDITORIAL MONSEÑOR CONEJERO ABRIL 2017

JESÚS, la Luz de la Vida

CONEJERO CUARESMADemos gracias a Dios Padre que nos permite, mientras aún peregrinamos en este mundo, celebrar solemnemente una vez más, con esperanza y alegría, la Pasión, Muerte y Resurrección  -el Misterio Pascual- de su Hijo Jesucristo, nuestro único Redentor.

Las tinieblas nos envuelven por doquier, tanto a nivel íntimo personal como a nivel comunitario y social; de hecho, esto acontece desde tiempo inmemorial. Ya el profeta Isaías, anunciando la gran luz que traería el “Niño maravilloso y Príncipe de la paz”, constataba que el pueblo caminaba en las tinieblas y en la oscuridad; más tarde, Zacarías, padre de Juan el Bautista, inspirado por el Espíritu Santo, bendice y agradece  a Dios que, por su misericordiosa ternura, nos ha dado un poderoso Salvador que, como Sol naciente, iluminará a los que están en las tinieblas y en las sombras de la muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (cf. Lc 1, 67-79).

A causa de nuestra humana fragilidad, libramos una batalla de discernimiento continuo sobre el bien y el mal, y de obrar en consecuencia, venciendo toda clase de obstáculos. Y ello, gracias a Jesucristo, la Luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre ( Jn. 1, 9); gracias a Él, podemos dilucidar el Camino de la Verdad y de la Vida, realidades con las que se autodenomina e identifica a sí mismo (cf. Jn 14, 6) y tener,  por su gracia y su poder, las fuerzas necesarias para hacer siempre el bien.

Atentos y vigilantes debemos estar siempre, pues como dice el refrán:“cuando menos se piensa, salta la liebre”; o en expresión más bíblica, como rezamos en la lectura breve de Completas de los martes: Sean sobrios y estén siempre alerta, porque su enemigo, el demonio, ronda como un león rugiente, buscando a quien devorar; resístanlo firmes en la fe (1Pe 5, 8-9). El apego a las cosas del mundo es una inclinación fuertemente arraigada en nuestro ser, aún sabiendo que “Cristo ha resucitado y nosotros con Él y que, por tanto, debemos buscar permanentemente los bienes del cielo, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios” (cf. Col 3, 1-2); texto bíblico que escucharemos con mucha frecuencia durante todo este próximo tiempo pascual. Señalamos dos de muchos males actuales: el egoísmo individualista y el populismo ideologizado, cuyas raíces provienen de lo que san Juan afirma, en su Primera Carta, sobre todo lo que hay en el mundo: los deseos de la carne, la codicia de los ojos y la ostentación de riqueza (1Jn 1, 16).

La fe de reconocer y aceptar que Jesús es verdaderamente la Luz del mundo y que el que lo sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida (cf. Jn 8, 12) es de una importancia total; de ahí, la insistencia de la predicación y frecuente exhortación apostólicas a ser hijos de la luz y a caminar en ella, para poder vivir en comunión con Dios y unos con otros, como hermanos. Durante el tiempo pascual, en este mes de abril y de mayo próximo, estamos invitamos a escuchar con mayor apertura y profundidad, y a esforzarnos por creer y vivir con más fuerza que Jesús es la Luz de la Vida.

Entre las muchas actividades que tenemos entre manos, les propongo leer, meditar y rezar dos breves lecturas de la Palabra de Dios, de modo personal y, si es posible, en grupo a compartir: Efesios 5, 8-20 y 1ª de Juan 1, 5-7. Creer que Jesús es la Luz y vivir en la Luz, -fe y testimonio-, sean las dos actitudes de este Tiempo Pascual que transformen, con la fuerza del Espíritu, nuestra vida personal y comunitaria para que anunciemos con alegría: ¡Cristo ha resucitado y vive para siempre entre nosotros!

 FELICES  PASCUAS DE RESURRECCIÓN

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